Muchas personas que emigran entienden bastante inglés, pero casi no lo hablan. No es falta de capacidad. Muchas veces es miedo: a equivocarse, a que se rían, a parecer menos inteligentes de lo que son.
Detrás de ese miedo suele haber una idea que aprendimos desde la escuela: que el error es algo malo, algo que se marca en rojo. Pero en cualquier aprendizaje pasa lo contrario. Sin errores no hay forma de mejorar.
Separar lo que vales de lo que te sale
La persona perfeccionista suele hacer dos cosas: no intenta algo hasta estar segura de que le saldrá perfecto, y vive cada error como una prueba de que no vale. Así, nunca practica lo suficiente para mejorar.
Aprender un idioma es un proceso. Primero hablas un poco mejor, luego otro poco, y un día te das cuenta de que ya lo haces con soltura. Cada frase mal dicha es un paso de ese camino, no un fracaso.
Pasos pequeños para esta semana
- Elige una situación sencilla: pedir un café, saludar a un vecino, hacer una pregunta en la tienda.
- Hazla aunque te dé un poco de miedo. El objetivo es practicar, no que salga perfecto.
- Después, anota cómo te fue. Casi siempre fue menos terrible de lo que el miedo anunciaba.
Si el miedo a equivocarte aparece también en otras áreas de tu vida, en una sesión podemos trabajarlo juntas.
